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El encarecimiento global de
la urea y su impacto en la rentabilidad del trigo entrerriano
ellitoral.com
El mercado global de fertilizantes nitrogenados registró una fuerte
disrupción a partir de marzo debido al recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente,
generando un severo shock de oferta.
Las interrupciones en rutas marítimas clave, especialmente en el Estrecho de Ormuz
corredor por donde circula cerca de un tercio del comercio mundial del insumo,
sumadas a los ataques a infraestructuras energéticas, redujeron drásticamente la
capacidad efectiva de exportación.
Este estrangulamiento logístico y productivo se vio agravado por el aumento de los costos
energéticos, las restricciones a las exportaciones impuestas por China y la
vulnerabilidad de mercados altamente dependientes como India.
En consecuencia, se configuró un escenario de escasez global que impulsó los valores
internacionales a niveles máximos de varios años, sosteniendo una fuerte presión
alcista y una actitud sumamente cautelosa entre compradores y vendedores.
En Argentina, la reacción de la cadena comercial fue netamente defensiva. Ante la
dificultad de estimar los costos de reposición en un contexto de extrema volatilidad,
importadores y distribuidores prácticamente se retiraron del mercado.
Al no haber una urgencia inmediata frente a otros mercados globales (el 80% de las
importaciones de urea arriban al país entre junio y octubre), se reduce drásticamente el
incentivo de los traders para asumir riesgo comercial e ingresar nuevos barcos.
Argentina cuenta con una planta de urea que abastece aproximadamente el 50% del consumo,
sin embargo, será importante considerar la evolución de la relación grano/fertilizante;
es decir, del poder de compra del cereal, para llevar a cabo la próxima campaña de fina.
De acuerdo a los relevamientos del mercado de fertilizantes de proveedores de insumos, en
el último mes, el precio de referencia local de la urea experimentó un abrupto salto del
60%, copiando en su totalidad la trayectoria del costo teórico de reposición (CFR
Argentina), que trepó un 59% en el mismo período.
Esta dinámica evidencia una rápida transferencia del shock externo a los valores
domésticos, manteniendo inalterado el diferencial del mercado local, que opera en torno
al 16% por encima del costo de importación.
Como contrapartida, las cotizaciones del cereal mostraron una reacción sumamente
conservadora frente a la volatilidad global.
Mermas
Mientras el insumo clave se disparó, de acuerdo a las cotizaciones publicadas por la
Cámara Arbitral de Cereales de Rosario, la pizarra local del trigo registró un alza de
apenas un 3% en dólares durante los últimos 30 días, posicionándose actualmente en 185
dólares por tonelada.
Esta marcada asimetría provocó un severo deterioro en los términos de intercambio para
el productor entrerriano: si hace un mes una tonelada de trigo permitía adquirir 330 kg
de urea, hoy ese poder de compra se derrumbó a tan solo 208 kg.
Esta contracción del 36% en la capacidad adquisitiva del grano frente a su principal
requerimiento tecnológico plantea un escenario de alta exigencia financiera, que
obligará a recalcular las dosis óptimas y proyecta un inevitable impacto negativo sobre
los márgenes brutos de la próxima campaña.
Al trasladar esta asimetría de precios a la estructura de costos directos, el efecto
sobre la rentabilidad esperada del cultivo es severo.
Considerando un planteo tecnológico estándar para Entre Ríos con una dosis objetivo de
160 kg/ha de urea (según plantea Márgenes Agropecuarios), la inversión en
fertilización nitrogenada saltó de USD 88,8 a USD 142 por hectárea en el lapso de un
mes.
En términos prácticos, aquel productor entrerriano que no haya anticipado la compra del
insumo deberá afrontar un costo adicional de 53 U$S/ha, traccionado netamente por el
contexto internacional.
Este encarecimiento golpea de lleno la proyección del margen bruto para la nueva
campaña. Si se analiza el escenario bajo el rendimiento promedio provincial de los
últimos cinco años, el resultado esperado para productores arrendatarios pasó de ser
cercano a cero el mes pasado, a arrojar, a los precios de hoy, resultados negativos.
Este deterioro es producto de una combinación de factores: el aumento del costo en urea,
un arrendamiento encarecido respecto a campañas anteriores (con la cotización pizarra de
la soja por encima del promedio de los últimos dos años) y una cotización local en
dólares de trigo en su nivel más bajo en los últimos cinco años.
En consecuencia, el rendimiento de indiferencia pasó de posicionarse en 3.750 kg/ha hace
un mes atrás, a los 3.930 kg/ha que observamos hoy, valor por encima de los rendimientos
promedio observados en las últimas campañas.
A pesar del escenario restrictivo que plantea el mercado disponible, las posiciones a
cosecha ofrecen una perspectiva más alentadora. Actualmente, el contrato de trigo
posición diciembre en el mercado de futuros A3 se ubica en USD 220 por tonelada.
Márgenes
Al proyectar los márgenes con este valor de referencia, y aun contemplando el sobrecosto
de la urea, el rendimiento de indiferencia se posiciona en 3.300 kg/ha.
De esta manera, si se toma como referencia el rendimiento promedio provincial de las
últimas cinco campañas, el margen bruto para el productor arrendatario logra revertir
los números rojos y proyecta un resultado positivo aproximado de USD 45 por hectárea.
Será importante observar la evolución de los acontecimientos internacionales, que
impactan tanto en las cotizaciones del fertilizante como en los precios de los cultivos.
Cualquier incremento en insumos clave como la urea puede representar un riesgo para la
rentabilidad, en un contexto donde los márgenes de los productores entrerrianos ya son
ajustados.



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