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Cómo preparar los sistemas
lecheros para afrontar El Niño
lacapital.com.ar
Aunque los pronósticos climáticos indican condiciones neutras durante el
invierno, los modelos de mediano plazo anticipan una alta probabilidad de que, a partir de
la primavera, se instale un evento El Niño con precipitaciones superiores a lo normal.
Para los sistemas lecheros, esta ventana de tiempo es clave para anticiparse con
decisiones estratégicas para reducir el impacto.
Guillermo Cavallero, ingeniero agrónomo del Área de Desarrollo Rural del INTA Rafaela,
indicó que la preparación anticipada será la principal herramienta para reducir el
impacto de El Niño. Las decisiones que tomemos hoy son las que van a permitir
atravesar con mejores resultados el próximo otoño. Preparar la infraestructura, asegurar
reservas y planificar el manejo del rodeo son inversiones que ayudan a disminuir los
riesgos cuando llegan las lluvias, reconoció.
En esta línea, se refirió al excedente de precipitaciones que registran en la región:
Entre enero y junio registramos 624 milímetros, cuando el promedio histórico para
ese período es de 553 milímetros. Es una señal de que el sistema ya está muy cargado
de agua.
A su vez, el técnico recordó que, además del incremento de las lluvias registrado
en las últimas décadas, los modelos climáticos asignan una probabilidad superior al 80
% de la ocurrencia de un evento Niño hacia fines de este año. Eso nos obliga a pensar
con tiempo cómo disminuir los riesgos para los sistemas productivos, indicó.
Uno de los principales riesgos está asociado a las pasturas base alfalfa, que constituyen
entre el 70 y el 80 % de la alimentación de muchos tambos de la región.
El problema no lo vamos a ver necesariamente durante la primavera o el verano. El
mayor impacto probablemente aparezca en marzo y abril del próximo año. Si las pasturas
permanecen anegadas, las raíces sufren por falta de oxígeno, se pierde la planta y
desaparece una parte importante de la oferta forrajera del sistema, advirtió
Cavallero.
La pérdida de estas pasturas no solo compromete la alimentación del rodeo, sino que
también representa un importante costo económico debido a la necesidad de
reimplantarlas.
Anticiparse para reducir riesgos
Para reducir los efectos del exceso de agua, Cavallero recomendó revisar la
infraestructura del establecimiento antes de que lleguen las lluvias más intensas. Entre
las principales medidas se encuentran el abovedado de los callejones, el mantenimiento de
cunetas, la sistematización del drenaje interno del campo y la revisión de corrales y
patios de alimentación.
Nuestros campos tienen pendientes muy bajas, por eso es fundamental ordenar el flujo
del agua dentro del establecimiento. Los callejones pueden cumplir una doble función:
permitir el tránsito de los animales y conducir el agua hacia los sectores de
desagüe, explicó Cavallero.
Asimismo, destacó la importancia de ubicar las bolsas de silo y los sectores de
alimentación en lugares altos y de fácil acceso. Conviene pensar estratégicamente
dónde estarán las reservas durante el otoño, cuando las condiciones para ingresar con
maquinaria pueden ser mucho más complicadas.
Otra recomendación que brindan los especialistas del INTA es incrementar el volumen de
reservas disponible para afrontar posibles pérdidas de pasturas.
Todos trabajamos con un margen de seguridad, pero este año sería conveniente
aumentarlo. Si normalmente planificamos una determinada superficie para silaje,
probablemente sea momento de producir un poco más pensando en un eventual déficit
forrajero, señaló el investigador.
Cavallero recordó que durante los eventos Niño de 2015 y 2016 numerosos establecimientos
debieron comprar alimentos de menor calidad y a costos elevados debido a la escasez de
forraje.
La reserva que hoy parece un costo adicional puede transformarse en la herramienta
que permita sostener la producción cuando la oferta de pasto disminuya, sentenció.
Asimismo, el profesional del INTA Rafaela también recomendó evaluar con anticipación la
carga animal de cada establecimiento para disminuir la presión sobre el sistema, en caso
de que las condiciones climáticas se compliquen.
Trabajar con dos vacas por hectárea no es lo mismo que hacerlo con una carga menor
cuando aparecen excesos hídricos. Si fuera necesario, habrá que analizar qué
categorías conviene mantener y cuáles descartar para preservar el funcionamiento del
sistema, destacó Cavallero.
Por último, además de las acciones dentro de cada establecimiento, subrayó la necesidad
de mantener en condiciones la infraestructura rural. Es importante que caminos,
alcantarillas, cunetas y canales funcionen correctamente para que el agua pueda evacuarse.
Cuando ese sistema falla, el exceso hídrico permanece más tiempo dentro de los campos y
aumentan los daños, expresó.



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