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agroarea-news.JPG (1678 bytes) Tras años de siembra directa y resistencia a herbicidas, resurge la labranza ocasional: ¿aliada o parche?
infocampo.com.ar

Durante casi tres décadas, la siembra directa se consolidó en la agricultura argentina como una tecnología clave para conservar suelos y reducir costos.

Pero también trajo aparejado un problema creciente: el avance de malezas resistentes y tolerantes a herbicidas, que hoy desafían la producción de soja, maíz, trigo y girasol en toda la región pampeana.

Frente a este escenario, muchos productores volvieron a mirar a la labranza mecánica, en su versión “ocasional”.

Un estudio de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), realizado en Carlos Casares, interrumpió 20 años de siembra directa con dos pasadas de disco superficial y evaluó el impacto en el banco de semillas de malezas.

Los resultados, publicados en la revista científica Agronomy, mostraron que la cantidad de malezas no disminuyó respecto de la siembra directa, pero sí se modificó la composición: algunas especies problemáticas quedaron enterradas y emergieron otras, más fáciles de controlar con herbicidas.

“Con la labranza ocasional es posible hacer un recambio de malezas y favorecer a especies más susceptibles a las aplicaciones químicas. No es un regreso a la labranza tradicional, sino una intervención puntual dentro del sistema de siembra directa”, explicó Fernando Oreja, investigador de la Universidad de Clemson (EE.UU.) y coautor del trabajo.

Así, según Oreja, la labranza ocasional puede ser útil frente a malezas difíciles, pero pierde efectividad si se repite con frecuencia.

“No hay soluciones mágicas. El horizonte debe ser siempre el manejo integrado, combinando distintas prácticas”, subrayó.

En ese sentido, la rotación de cultivos aparece como estrategia central para diversificar fechas de siembra y cosecha, tipos de rastrojo y grupos de herbicidas, dificultando que las malezas se establezcan.

Sin embargo, las condiciones de producción en Argentina —con campos mayormente alquilados a corto plazo y el protagonismo de contratistas— dificultan pensar en planes de manejo a largo plazo.

“Los productores saben que rotar y combinar prácticas es clave, pero en la práctica muchas veces manda la urgencia económica: si una maleza afecta el rinde, la respuesta inmediata es aplicar otro herbicida. El problema es que eso genera nuevas resistencias en poco tiempo”, advirtió Oreja.

¿Un futuro de supermalezas?

La experiencia de Estados Unidos ofrece una alerta. Allí ya existen “supermalezas” que resisten hasta ocho modos de acción diferentes de herbicidas, como el caso de Amaranthus palmeri en el sudeste. En esos lotes, la cosecha es directamente inviable.

En Argentina ya se registran malezas con resistencia a tres modos de acción. “Si seguimos apostando a los herbicidas como única herramienta, vamos camino al mismo escenario que en EE.UU.”, anticipó el investigador.

Oreja recordó que las malezas poseen una gran capacidad de adaptación. “El desafío no es eliminarlas, sino mantenerlas por debajo de umbrales que no comprometan los rendimientos. Para eso necesitamos diversificar el manejo, no depender de una sola táctica”, precisó

En conclusión: el estudio de la FAUBA aporta un dato clave: la labranza ocasional puede ser útil, pero no alcanza por sí sola. La pregunta que queda abierta es si el agro argentino está dispuesto a cambiar el enfoque a tiempo para evitar el avance de las “supermalezas”.agroarea-news.JPG (1678 bytes)

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