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El abecé para el uso
eficiente de los fertilizantes en la campaña de granos finos
Carlos Marin Moreno
lanacion.com.ar
La siembra de trigo 2026/27 puede tener algún retroceso respecto de la
campaña pasada, pero será importante porque los productores recuerdan los muy buenos
rendimientos de ese ciclo y porque hay suficiente humedad en los suelos. El punto crítico
son los costos de producción, aumentados por la guerra en Medio Oriente, que también
genera riesgos de desabastecimiento de insumos clave, como los fertilizantes. El tema fue
abordado en una reunión organizada por la asociación civil Fertilizar, en la que se
presentaron datos de disponibilidad de fertilizantes para la campaña y recomendaciones
para su uso eficiente.
La capacidad de producción local de urea, concentrada en Bahía Blanca, alcanzará un
volumen de 1.250.000 toneladas durante 2026. En comparación, el consumo de fertilizantes
nitrogenados para el cultivo de trigo en 2025 fue de 910.000 toneladas, mientras que los
fertilizantes fosfatados totalizaron 490.000 toneladas. En consecuencia, la
producción nacional de nitrógeno resultará suficiente para cubrir los requerimientos de
la campaña fina, aunque será necesario recurrir a importaciones que ya se están
concretando desde los países proveedores- para abastecer a los cultivos de verano,
principalmente maíz, proyectó Roberto Rotondaro, presidente de la entidad.
Durante el primer trimestre de 2026, el volumen importado se mantuvo en niveles
similares a los registrados en igual período de 2025. Por su parte, los despachos
internos se incrementaron de 150.000 a 200.000 toneladas en el período, principalmente
asociados a la aplicación de fertilizantes durante la implantación de pasturas,
agregó. En términos generales, se observa una tendencia por parte de los productores a
concretar la compra de fertilizantes fosfatados y a postergar la adquisición de
nitrogenados, como estrategia ante la expectativa de una eventual disminución en el
precio de la urea, si se encarrilara definitivamente el conflicto en Medio Oriente.
Las importaciones de fertilizantes fosfatados provienen mayoritariamente de Marruecos,
China y Estados Unidos, que en conjunto representan el 80% del total. A estos se suman, en
menor proporción, Rusia, México, Brasil, Finlandia y Egipto, entre otros. Estos países
cuentan con el mineral base necesario para la producción de fosfato monoamónico y
diamónico. En contraste, los fertilizantes nitrogenados son provistos principalmente por
países productores de combustibles, entre los que se destacan Egipto, Estados Unidos,
Nigeria, las naciones del Golfo Pérsico, Rusia y Bolivia.
Para la campaña de trigo 2026/2027, hay una adecuada provisión de humedad para la
siembra y las etapas vegetativas como resultado de las lluvias otoñales. Este factor
resulta determinante para la obtención de altos rendimientos, especialmente si las
precipitaciones asociadas al fenómeno El Niño se agregan durante el ciclo del
cultivo, afirmó Esteban Ciarlo, coordinador técnico de Fertilizar. En un
escenario donde el agua no constituye una limitante, la nutrición del cultivo adquiere un
rol preponderante en la determinación del rendimiento, por encima de otras variables como
la sanidad o la fecha de siembra, enfatizó.
Para lograr una nutrición eficiente, recomendó el análisis de suelo, herramienta que
permite identificar deficiencias y definir dosis óptimas desde el punto de vista
económico. Estos análisis brindan información sobre el contenido de nitrógeno
principal nutriente asociado al rendimiento, así como sobre fósforo, pH,
materia orgánica y otros nutrientes esenciales. A pesar de su bajo costo, su adopción es
limitada: solo uno de cada cuatro lotes de trigo es sometido a este tipo de evaluación.
Una vez determinada la dosis adecuada en función de los datos del análisis, es posible
aplicar el fertilizante en forma única o fraccionada, en función del rendimiento
esperado y de la evolución del cultivo. Simultáneamente, resulta fundamental considerar
el contenido de fósforo del suelo, dado que su deficiencia puede limitar el rendimiento
en presencia de niveles adecuados de nitrógeno. El objetivo de la fertilización
debe ser alcanzar la máxima eficiencia económica, entendida como el equilibrio entre
productividad e ingresos, que no necesariamente coincide con el máximo rendimiento
físico, resumió Ciarlo.
Cebada
La cebada es un cultivo con características similares al trigo, con aplicaciones tanto en
la industria cervecera como en la alimentación animal. En el caso de la cebada cervecera,
generalmente el grano es adquirido por la industria maltera, que realiza el proceso de
germinación para la producción de malta, posteriormente utilizada por la industria
cervecera. En la Argentina, algunas empresas integran ambos procesos.
Por su parte, la cebada forrajera se destina principalmente a la alimentación animal. Se
suministra a cerdas en parición en nuestro país y a camellos en Medio Oriente. Arabia
Saudita es el principal importador mundial de este producto.
En el nivel global, el 85% de la producción de cebada se destina a uso forrajero y
el 15% a maltería. En la Argentina, la distribución es más equilibrada: aproximadamente
un tercio se destina a uso forrajero que se exporta; un tercio va a cebada cervecera para
exportación y el tercio restante se orienta a la industria maltera nacional. De esta,
aproximadamente la mitad se exporta y la otra mitad se destina al mercado interno,
distinguió Pablo Pristupa, profesor de la cátedra de Fertilidad y Fertilizantes de la
Fauba.
Los requerimientos de la industria maltera incluyen, entre otros parámetros, un contenido
de proteína en el grano de entre 10% y 12%, con tolerancias que oscilan entre 9,5% y 13%.
La fertilización nitrogenada desempeña un rol clave en el logro de estos niveles
proteicos.
En la región norte de la provincia de Buenos Aires, para producir una cebada
forrajera se requieren entre 120 y 140 kilos de nitrógeno por hectárea, entre el aporte
del suelo y del fertilizante aplicado. En el caso de la cebada cervecera, los
requerimientos se incrementan a entre 170 y 180 kilos de nitrógeno por hectárea, lo que
implica un mayor costo de fertilización, diferenció Pristupa.
Dada esta situación, se recomienda adoptar estrategias conservadoras de manejo, como la
aplicación fraccionada del nitrógeno: una dosis se puede aplicar al momento de la
siembra y otra durante el macollaje. Alternativamente, puede realizarse una segunda
aplicación en encañazón. Estas fertilizaciones impactan positivamente en el rendimiento
y en contenido de proteína. Otra posibilidad es diferir la segunda aplicación hasta la
espigazón, que impacta específicamente en el contenido proteico. La elección del
momento de fertilización puede decidirse con herramientas como Spad o Weedseeker, que
evalúan el verdor o la actividad fotosintética de las hojas.
En síntesis: en esta campaña es más difícil resolver la ecuación de la fertilización
de los cultivos de invierno que en otros años. Los productores deberán trabajar con sus
asesores agronómicos para encontrar la dosis que permitan alcanzar la máxima eficiencia
económica en cada situación valiéndose de las herramientas que permiten monitorear,
periódicamente, la adecuada nutrición de los cultivos.



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