























AGROAREA ®
©1994-2025 | NIC.AR | Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción total o
parcial sin la expresa autorización de sus editores. Contenidos del web con deposito de
propiedad intelectual protegida según ley 11.723 de la República Argentina y aplicable
en tribunales Internacionales. AGROAREA es una denominación de origen agro web mundial y
hace valer sus derechos habientes desde 1995 a la fecha.
AGROAREA Redacción y edición
digital: Telefax: 54-11-5368-1696 / Buenos Aires, ARGENTINA.
|

  
30 aniversario del
portal agropecuario argentino con mayor permanencia en Internet

Banco
imágenes AGROAREA. No Integra el artículo original
La inundación en Buenos
Aires ya es la más grave en 10 años: hay 5,8 millones de hectáreas
afectadas y se perderían US$2000 millones
Mariana Reinke
lanacion.com.ar
Las inundaciones y anegamientos en el centro bonaerense ya representan el
fenómeno hídrico más grande y grave de al menos los últimos diez años,
según la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), que
hoy dio nuevos números contundentes sobre la magnitud de su impacto. En medio de nuevas
lluvias, los cinco millones de hectáreas que tenía comprometidos el agua hace unas
semanas ahora son 5,8 millones de hectáreas. Además, se conoció una alerta de que si no
se puede sembrar podrían registrarse pérdidas de ingresos el año que viene por US$2000
millones.
Según cálculos realizados por la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires
y La Pampa (Carbap) sobre imágenes satelitales tomadas entre el 11 y el 13 de noviembre
pasado, en el desglose de la afectación total se registran aproximadamente 2 millones
hectáreas inundadas/anegadas y casi 3,8 millones de hectáreas afectadas. El epicentro el
drama es la Cuenca del Salado, una región de 17 millones de hectáreas.
En este contexto, Carbap aclaró la distinción de la superficie afectada, que
son áreas que, aun sin agua visible, no poseen condiciones mínimas para avanzar
con las labores de siembra.
La falta de posibilidades para trabajar se debe a la falta de piso, caminos
intransitables y ausencia total de accesibilidad para maquinaria. En la práctica,
los 5,8 millones son hectáreas que quedaron fuera de producción. Incluso
donde el campo parece seco, las imágenes satelitales demuestran que las
condiciones del suelo hacen prácticamente imposible llevar adelante cualquier tarea
agrícola.
Comentaron que los partidos más golpeados incluyen a Bolívar, 9 de Julio, Pehuajó, 25
de Mayo, Lincoln, Carlos Casares y Las Flores. Estos municipios, que vienen
soportando el fenómeno desde hace tiempo, representan más de 4,5 millones
hectáreas, de las cuales más de 1,1 millones están directamente bajo agua.
Fue así que la entidad lanzó un duro informe que retoma reclamos que vienen
planteando desde hace tiempo ante autoridades municipales, provinciales y nacionales. Para
Carbap, este evento climático, que por ahora no muestra señales de
retroceder, ha expuesto con crudeza las falencias en la infraestructura. La entidad
fue categórica al señalar a los responsables: Todos, sin excepción, cargan con
una cuota de responsabilidad que ya no pueden esquivar.
En diálogo con LA NACION, el secretario de Carbap, Pablo Ginestet, explicó que la
situación de desastre ha ido acrecentándose: Ahora prácticamente tenemos
problemas desde la desembocadura [del Salado], en los partidos de Guido, hasta Lincoln y
Viamonte; bien extendido en toda la cuenca del río Salado, con mayor o menor afectación
según los lugares. Pero seguimos con el epicentro de las inundaciones en Carlos Casares,
9 de Julio, parte de Bolívar, Henderson, Pehuajó y Viamonte, y que se ha ido
extendiendo. Lamentablemente, es un desastre lo que está pasando.
Para Ginestet, este fenómeno climático es el más grande y grave de al menos los
últimos diez años, principalmente por su duración. Otras veces ha habido
inundaciones. Por ejemplo, en 2012 hubo un evento muy grande y tan extendido en el tiempo
como el de este año, pero fue más acotado en la zona, dijo. Agregó: Ahora
es muy grande también a nivel provincial. Sacando 2012, todas las otras veces quizá eran
eventos muy grandes que inundaban muchas hectáreas en otoño, pero ya hacia la salida de
la primavera la situación se iba normalizando. Este año, en cambio, en la primavera la
situación se agravó.
Hay muchísima agua en toda esta zona. Obviamente, no hay caminos y es imposible
poder llevar adelante las tareas en los establecimientos y día a día que pasa se nos
pasa la fecha de siembra y los campos siguen con agua. Hoy esperar que esa agua se vaya en
lo que queda del año es prácticamente imposible, agregó. Con una mirada
esperanzadora, el dirigente dijo: Ojalá mejore un poco para que, en aquellos
lugares donde no hay agua, se pueda avanzar con alguna tarea, que se mejore algún camino
para poder llegar con las maquinarias y se pueda trabajar. Pero realmente se avecina una
situación muy preocupante.
Más allá de eso, dijo que lo que la entidad propone un punto de partida:
Fijémonos un plazo, cinco años por delante, de acá al 2030. Compromiso de los
tres niveles de gobierno: finalicemos las obras del Plan Salado, asignemos los recursos,
porque no podemos seguir así. Ese es el desafío importante de todo esto.
Riesgo productivo
La crisis se da en un momento clave, ya que la ventana de siembra de soja y maíz se
cierra aceleradamente. En este escenario afirmó que la posibilidad de que una
enorme superficie quede sin producir es cada vez más concreta. Estimaron que
más de 1,5 millones hectáreas agrícolas tienen un riesgo muy alto de quedar
improductivas este año. Y enfatizaron que si esa superficie no se siembra, se
generará una pérdida económica estimada en alrededor de US$2000 millones que
dejarían de ingresar al circuito económico en 2026. Este cálculo se basa en una
relación de siembra estándar de 60% soja y 40% maíz.
Este impacto, remarcaron, recaerá directamente en los productores, pero se
sentirá también en toda la cadena de pago que sostiene la vida económica de los
pueblos: contratistas, transportistas, proveedores, talleres, comercios y pymes
locales.
Asimismo, dijeron que afectará también a los tres niveles del Estado, que verán
caer su recaudación. La conclusión de la entidad fue contundente: Todos
perdemos, mientras las obras siguen sin aparecer.
Carbap subrayó que, si se suma la pérdida acumulada de los últimos diez años,
tiempo en que el Plan del Salado ya debería estar terminado, el costo de la
inacción supera con creces el costo total de ejecutar las obras.
Críticas
La entidad dijo que las responsabilidades son compartidas y que ya no se admiten
excusas. En primer lugar, los intendentes, que son responsables del
mantenimiento de la red vial rural. Para ello, indicaron que cobran la tasa
vial, crecientemente onerosa; las guías de traslado y; además reciben el 12% de la
recaudación del Impuesto Inmobiliario Rural (Ley 13.010). Sin embargo, Carbap
afirmó que una parte significativa de esos fondos se desvía irregularmente hacia
otros gastos, y la falta de mantenimiento estructural queda expuesta cada vez que los
caminos colapsan.
Para la entidad ruralista, los caminos rurales son la base logística del sistema
productivo, ya que el 90% de los alimentos inicia su recorrido en un camino de
tierra. Si esta red falla, se disparan los costos logísticos, afectando tanto
a productores como a consumidores.
Por su parte, dijeron que la provincia de Buenos Aires tiene un rol central y es,
por jurisdicción, la responsable principal de ejecutar las obras del Plan Maestro del
Río Salado.
Hace diez años deberían haber estado finalizadas las obras, pero hoy el avance
apenas supera la mitad, dijeron y agregaron que se trata de una obligación
directa de la provincia de Buenos Aires de llevar adelante estas obras hidráulicas
estructurales, que son esenciales para mitigar inundaciones, acelerar los escurrimientos y
reducir el tiempo de anegamiento.
La entidad calificó como inaceptable la desproporción presupuestaria, ya que
el presupuesto provincial 2026 propone un aumento del 100% en el impuesto inmobiliario
(más de US$70 millones), pero solo destina poco mas de US$4 millones al Plan
Maestro.
Finalmente, el gobierno nacional fue interpelado porque la cuenca es
estratégica: Allí se produce el 25% de los granos del país y se
concentra el 28% del stock bovino nacional. Solo de esta región, el Estado recauda
más de US$1000 millones anuales en retenciones, desde hace más de veinte
años.
A pesar de que existe el Fondo Hídrico de Infraestructura, alimentado por un impuesto
específico sobre combustibles (Nafta y Gas) y creado justamente para financiar
obras de control de inundaciones, drenajes y mejoras hidráulicas en todo el país,
el presupuesto nacional 2026 no asigna ni un peso para las obras del Salado.
Esta es una omisión incomprensible y de un impacto económico gigantesco.
Ultimátum
En el informe, Carbap exigió a los tres niveles de gobierno que asuman su responsabilidad
y establece un objetivo concreto, urgente e innegociable. Para el año
2030, las obras del Plan Maestro del Río Salado deben estar terminadas en su
totalidad.
La entidad aclaró que no se trata de un eslogan ni de una expresión de deseo sino
de una obligación moral, productiva y social.
Frente al argumento de que no hay plata, la respuesta de los ruralistas es
simple y contundente: en esta cuenca sí hay plata: la generan los productores y la
recaudan los tres niveles del Estado todos los años. Carbap concluyó: 2030
no es una meta aspiracional. Es un límite. Es una obligación, las inundaciones no
esperan y la producción no espera.


|