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Pequeños productores, grandes
mercados: las claves de la ganadería en Estados Unidos
lacapital.com.ar
La ganadería de Estados Unidos tiene una particularidad que ayuda a explicar
cómo logró convertirse en una de las grandes referencias mundiales en producción de
carne vacuna. Detrás de una industria altamente desarrollada todavía existe una
estructura productiva sostenida, en buena medida, por pequeños establecimientos
familiares. El tamaño promedio de los rodeos de cría es de apenas 44 vacas y, desde esa
base atomizada, el país construyó un sistema capaz de abastecer su enorme mercado
interno y ofrecer carne de alta calidad a los consumidores internacionales más exigentes.
Pero ese posicionamiento no llegó de un día para otro. Los estándares que hoy
distinguen a la carne estadounidense comenzaron a desarrollarse hace más de un siglo.
Alfredo Di Costanzo, doctor en Nutrición Animal por la Universidad de Minnesota y
profesor en extensión de sistemas de producción de carne vacuna en la Universidad de
Nebraska (EEUU), explicó en una entrevista previa a su participación en el Congreso
Federal Ganadero organizado por Rosgan, que se realizará el próximo 12 de noviembre en
la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), las claves del modelo ganadero de Estados Unidos.
El encuentro reunirá a referentes nacionales e internacionales para analizar los
desafíos de la cadena ganadera y las transformaciones que atraviesa el mercado mundial de
carnes.
Di Costanzo propone mirar la historia de la ganadería estadounidense para comprender su
presente y, especialmente, los desafíos que enfrenta hacia adelante. Se trata de una
actividad que nació con características artesanales y locales, pero que, a lo largo de
las décadas, fue incorporando tecnología, sistemas de comercialización y mecanismos de
diferenciación que le permitieron ganar protagonismo internacional. "El productor
americano es esencialmente un productor familiar", señaló el especialista en
producción ganadero.
En rigor, explicó que buena parte de quienes se dedican a la ganadería llegaron a la
actividad por tradición, porque nacieron y crecieron en establecimientos vinculados a la
producción de carne. Ese rasgo continúa siendo una característica central del modelo.
Según detalló, el 50% de los productores estadounidenses son pequeños propietarios y el
rodeo promedio es de 44 vacas de cría. "Estamos hablando de una producción muy
artesanal que eventualmente se convierte en una fuerza mayoritaria en el mundo",
describió el investigador sobre eficiencia productiva, alimentación de bovinos y manejo
de establecimientos de cría y engorde.
El funcionamiento del sistema en Estados Unidos requiere reunir la producción de terneros
de numerosos establecimientos pequeños para integrar posteriormente a una cadena de
recría, engorde, industrialización y comercialización de grandes dimensiones. Esa
articulación permitió transformar una actividad de fuerte arraigo territorial en un
negocio competitivo a escala internacional.
A diferencia de otros países exportadores, Estados Unidos tiene además un mercado
doméstico que absorbe la mayor parte de su producción. Di Costanzo precisó que las
exportaciones y las importaciones representan, cada una, alrededor del 10% de la
producción, mientras que el grueso del negocio se desarrolla dentro de sus fronteras.
La calidad de la carne, una construcción de más de cien años
Uno de los principales diferenciales de la ganadería estadounidense es su sistema de
clasificación de carne, que permite ofrecer productos con características reconocidas
por los compradores. Sus orígenes se remontan a principios del siglo pasado. Di Costanzo
explicó que los primeros estándares surgieron alrededor de 1919, con un objetivo
fundamentalmente comercial: establecer criterios comunes para las transacciones y evitar
abusos en las operaciones de compraventa.
En ese momento comenzaron a definirse categorías como Prime, Choice y Good, esta última,
antecedente de la actual Select. Con el paso del tiempo, esas clasificaciones se
convirtieron en herramientas fundamentales para diferenciar productos y responder a las
preferencias de los consumidores. El sistema fue evolucionando hasta transformarse en uno
de los pilares del posicionamiento internacional de la carne estadounidense.
Di Costanzo recordó que en 1978 surgió el programa Certified Angus Beef, que comenzó a
aprovecharse desde 1998, cuando la diferenciación por calidad ganó mayor protagonismo
comercial. "Casi 100 años después del inicio de los estándares de calidad, se le
dio un nuevo auge a la venta bajo estos grados", explicó.
El especialista destacó que este proceso posibilitó consolidar una oferta de carne
premium respaldada por parámetros específicos y reconocibles para el consumidor.
"Eso nos permite presentarle a Japón una carne muy especializada como la Prime,
respaldando la calidad, el marmoleo, el sabor y el añejamiento en anaquel. Eso es lo que
atrae al consumidor extranjero", sostuvo.
El marmoleo, es decir, la grasa intramuscular que contribuye a características como la
jugosidad y el sabor se convirtió en uno de los atributos más valorados en determinados
segmentos del mercado internacional. Para Di Costanzo la posibilidad de garantizar esas
características explica buena parte de la competitividad estadounidense en destinos que
priorizan la calidad y están dispuestos a pagar un diferencial por ella.
En ese sentido, mencionó a Japón y Corea entre los principales compradores de cortes de
alta calidad, además de México y Canadá, que también participan del comercio de carne
estadounidense.
Qué carne consume el mercado estadounidense
A pesar del reconocimiento internacional de sus cortes premium, el consumo cotidiano de
carne vacuna en Estados Unidos tiene características diferentes de las que predominan en
los mercados de mayor valor. Según explicó Di Costanzo, la carne picada ocupa un lugar
central en la alimentación de los estadounidenses, principalmente por su versatilidad,
practicidad y precio. "La mayoría sigue siendo carne picada, porque se adapta a
muchas preparaciones, es rápida, sencilla, barata y combinable con lo que uno
quiera", señaló.
En cambio, los bifes y otros cortes tradicionalmente asociados con restaurantes o
preparaciones especiales tienen un consumo más ocasional, una tendencia que se profundiza
en un contexto de precios internos elevados. Parte de esos cortes también encuentra
destino en el mercado internacional, donde la demanda de productos diferenciados permite
aprovechar el valor agregado de los sistemas de clasificación.
De esta manera, la industria combina una producción destinada al consumo masivo interno
con segmentos especializados que buscan posicionarse entre los consumidores de mayor poder
adquisitivo del mundo.
El desafío de sostener la tradición familiar
Más allá de los avances productivos y comerciales, Di Costanzo advirtió que uno de los
principales desafíos de la ganadería estadounidense no está necesariamente vinculado
con la tecnología o el acceso a los mercados, sino con la continuidad de las familias
productoras.
La transmisión de conocimientos y el vínculo temprano con la actividad son factores
centrales para garantizar el recambio generacional. En Estados Unidos, explicó, esa
relación suele comenzar durante la infancia, cuando los niños participan en programas de
formación rural. En muchos casos, el primer acercamiento a la producción ganadera se
produce alrededor de los ocho años, con la crianza de un ternero que luego se presenta en
el Club 4-H, una organización dedicada a la formación y el desarrollo de habilidades de
niños y jóvenes.
"Ese club tiene mucha importancia para dar inicio a los jóvenes, porque si perdemos
el acceso a esos niños cuando crecen, es más difícil que regresen al campo",
advirtió.
El problema, señaló, es que las nuevas generaciones encuentran oportunidades laborales
fuera de los establecimientos, incluso cuando deciden continuar vinculadas al sector
agropecuario. Muchos hijos de productores optan por desarrollarse como asesores técnicos,
profesionales o especialistas en mercados, actividades relacionadas con el negocio, pero
alejadas del trabajo cotidiano con los animales. En otros casos, el interés por continuar
la actividad existe, pero aparecen limitaciones económicas. Di Costanzo resumió esa
situación al señalar que hay "gente con interés, pero sin dinero, y otros con
dinero, pero sin interés".
La combinación de altos costos de inversión, necesidad de mano de obra y dificultades
para acceder a la tierra plantea interrogantes sobre la continuidad de los
establecimientos familiares. El especialista describió situaciones de productores de 70 u
80 años que todavía manejan rodeos de entre 300 y 500 vacas de cría, pero no cuentan
con herederos dispuestos a hacerse cargo del negocio. "El desafío es quién
producirá los terneros para engorde en el futuro, ya que es un trabajo familiar. Si los
miembros de la familia se van, ¿quién alimentará a los animales o comprará los
campos?", planteó.
Precios atractivos, incertidumbre sobre la oferta futura
La preocupación por el recambio generacional aparece en un momento particular para el
negocio ganadero estadounidense. Di Costanzo indicó que los inventarios bovinos se
encuentran entre los principales temas de discusión del sector, en un escenario de oferta
ajustada frente a las necesidades del mercado. En ese sentido, explicó que la relación
entre producción y consumo se encuentra cerca de un punto de equilibrio, aunque con una
tendencia que podría inclinarse hacia una menor disponibilidad de animales.
Esa situación sostiene precios atractivos para los productores y podría generar
incentivos para aumentar la producción en el corto plazo. Sin embargo, advirtió que
la recuperación de los rodeos depende de decisiones de inversión que requieren
tiempo, capital y, fundamentalmente, personas dispuestas a continuar con la
actividad.
La dificultad para incorporar nuevos productores aparece así como una de las principales
limitaciones estructurales para expandir la oferta. En ese marco, Di Costanzo consideró
importante preservar las características del sistema productivo estadounidense y su base
genética, vinculada con los estándares de carne que demanda el consumidor local.
Frente a este escenario, la ganadería estadounidense comienza a mostrar algunas
transformaciones en sus mecanismos de inversión y organización productiva. Di Costanzo
señaló que, por el momento, no se observa un proceso acelerado de concentración
impulsado por capitales externos, principalmente porque ingresar al negocio de cría
requiere inversiones importantes y una dedicación intensiva.
En cambio, identificó movimientos de integración dentro de las propias familias
ganaderas. Productores vinculados con establecimientos de engorde a corral, o feedlots,
comienzan a invertir en etapas anteriores de la cadena, como la recría y la producción
de terneros. Se observa un movimiento dentro del ámbito familiar, hermanos y
hermanas invirtiendo en feedlots están integrándose hacia atrás, invirtiendo en recría
y comprando vacas para producir sus propios terneros, apuntó.
También -dijo- están apareciendo mecanismos alternativos para facilitar el ingreso de
jóvenes que no cuentan con capital suficiente para comprar tierras o hacienda. Uno de
ellos es lo que Di Costanzo definió como inversión basada en el "sudor" o el
trabajo. Bajo este esquema, un joven puede incorporarse a un establecimiento ganadero y
aportar su mano de obra a cambio de recibir gradualmente animales o acceso a tierras. El
propietario puede acordar la cesión anual de determinada cantidad de vacas o hectáreas,
permitiendo que el trabajador construya progresivamente su propio patrimonio productivo.
Se trata de un proceso lento, especialmente por el elevado valor de los animales, pero que
representa una alternativa para sostener la actividad y generar oportunidades de
incorporación de nuevos productores. Es un proceso lento porque los animales tienen
un valor elevado, resaltó.
La experiencia estadounidense muestra así dos caras de un mismo modelo. Por un lado, una
industria que logró transformar la producción de miles de pequeños establecimientos en
una oferta de carne reconocida mundialmente por su calidad. Por el otro, una estructura
que enfrenta el desafío de garantizar su continuidad generacional. Para Di Costanzo, esa
tensión será determinante en los próximos años. Detrás de los estándares de calidad,
la tecnología y los mercados internacionales, la ganadería estadounidense todavía
depende de una figura esencial: la familia que cría los terneros.



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