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Campaña 2026/2027. Los números
de la fertilización cierran, pero hay que hacer las aplicaciones con datos precisos
Carlos Marin Moreno
lanacion.com.ar
Hay suficiente humedad para el desarrollo de los cultivos de granos gruesos y
los precios acompañan. También se miden favorables relaciones entre los valores de los
fertilizantes y de los granos. Una combinación virtuosa. Sin embargo, los resultados de
la aplicación de nitrógeno y fósforo pueden no ser los esperados si no se tienen en
cuenta algunos recaudos previos y simultáneos a esa operación. El tema fue tratado en
una reunión organizada por Fertilizar Asociación Civil, de la cual se rescatan los
aspectos salientes.
Para fertilizar con buenos resultados económicos y productivos hay que echar mano a
indicadores. Uno de ellos son los requerimientos de cada cultivo. El maíz y la soja
requieren 17 nutrientes esenciales, de los cuales los principales son nitrógeno y
fósforo. En maíz los requerimientos son de 20 kilos de nitrógeno y 4 kilos de fósforo
por cada tonelada de grano producida. En soja, en cambio, se requieren 70 kilos de
fósforo y 6 kilos de nitrógeno por tonelada producida.
¿Por qué se reducen los requerimientos de nitrógeno en la soja? Porque gran parte de
este nutriente lo toma del aire, a través de bacterias simbióticas que lo ponen a
disposición de las raíces. Se estima que, como promedio nacional, el 60% del
nitrógeno consumido por la soja en la Argentina es aportado por las bacterias Rhizobium;
por esa razón casi no se fertiliza la soja con nitrógeno, afirmó Esteban Ciarlo,
coordinador técnico de Fertilizar, en la reunión.
Otro indicador que hay que tener en cuenta para decidir la fertilización de cultivos es
el índice de cosecha. Es decir, la planta absorbe una cantidad de nitrógeno y de
fósforo, pero exporta solo una parte en la cosecha. En el maíz son 14 kilos de
nitrógeno y 3 kilos de fósforo por tonelada de rendimiento.
Es decir un maíz de 7700 kilos por hectárea, que es el promedio nacional de los
últimos años, exporta alrededor de 108 kilos de nitrógeno y 23 de fósforo por
hectárea en cada campaña. Sin embargo, las dosis promedio que se utilizan en el país
son de solo 70 kilos de nitrógeno y 12 de fósforo por hectárea, criticó Ciarlo.
De acuerdo con estos datos, los suelos están proveyendo una parte del consumo y son
los costos ocultos que tiene la agricultura en los últimos años, resaltó.
Otra consideración importante en las decisiones de fertilización son los diferentes
comportamientos de los nutrientes en el suelo. El nitrógeno resulta muy móvil y puede
perderse por lavado, por ejemplo, en un año llovedor como el actual, para infiltrarse a
profundidad. El fósforo, en cambio, es poco móvil, queda retenido en las partículas del
suelo y tiene bajo riesgo de lavado. Estos comportamientos deben ser tenidos en cuenta al
diseñar las estrategias de aplicación.
Modelos para decidir
Conocidos estos indicadores, para decidir la fertilización se pueden utilizar modelos. En
el caso del nitrógeno se considera inicialmente el disponible a la siembra, más la
mineralización, más el efecto del cultivo antecesor. Luego, la dosis se calcula en
función de un rendimiento objetivo, menos el nitrógeno disponible en el suelo y, de esa
manera, se apunta a determinada producción.
Para fósforo, en cambio, se usa el método de fósforo extractable de Bray, que evalúa
el contenido del nutriente en los primeros 20 centímetros del suelo y ese valor se
compara con el umbral crítico del cultivo. De esa manera, se establece un nivel que
orienta sobre la posibilidad de respuesta a la aplicación de fertilizante fosfatado.
Aparte de esos modelos, también se debe considerar la eficiencia agronómica de la
aplicación de fertilizante. Es decir, los kilos de granos adicionales por cada kilo de
nitrógeno o fósforo aplicados, comparados con un testigo sin fertilización.
Ciarlo alertó que, para alcanzar la mayor eficiencia agronómica, se debe programar una
nutrición balanceada, que no sólo considere el nutriente principal, por ejemplo,
nitrógeno, sino el agregado de otros, como fósforo, azufre, zinc, etc. Si se alcanzan
altos niveles de eficiencia agronómica en la nutrición de los cultivos, no solo se
consiguen mayores rendimientos, sino que se amortiza mejor el costo del arrendamiento y
otros gastos de implantación y protección. Y hay que considerar que, si se utiliza una
semilla de calidad, esta herramienta debe ser acompañada por una alta eficiencia en la
nutrición de cada cultivo. Por otro lado, una alta eficiencia agronómica también aporta
a las cuestiones ambientales y mejora la huella de carbono, al permitir que menos
nutrientes se pierdan y que se apliquen específicamente en el cultivo.
Fertilizar en 2026, un buen negocio
Franco Córdoba, responsable de Mercados de Fertilizar, sostuvo que, para decidir o no la
aplicación de fertilizantes y las dosis, son importantes las relaciones insumo/producto.
Por ejemplo, actualmente, en maíz hay una situación favorable: se requieren 9 kilos de
maíz para comprar 1 kilo de fertilizante nitrogenado, una relación que está 8% por
debajo respecto de la vigente en los últimos 20 años. Es decir, se requieren menos kilos
de maíz para comprar un kilo de este fertilizante. En fósforo, la relación es menos
favorable porque se encuentra 13% por encima del promedio de los últimos 20 años.
El técnico resaltó que es importante tener en cuenta que el fertilizante aumenta
el rinde y juega a favor del resultado económico, si acompañan las condiciones de la
campaña. Estudios realizados por Fertilizar muestran que si se pasa de una fertilización
con 80 kilos de nitrógeno por hectárea a 160 kilos, el margen neto en campo alquilado a
16 quintales de soja por hectárea pasa de un resultado negativo de 105 dólares por
hectárea a 299 dólares por hectárea. En tanto, el costo de fertilización es de 134
dólares por hectárea, por lo que la aplicación de fertilizante se paga 2,2 veces con el
incremento de producción obtenido en maíz.
En soja, cálculos equivalentes, aumentando la aplicación de fósforo de 9 a 24 kilos por
hectárea, permite incrementar el rinde de 3,7 a 4,2 toneladas por hectárea, que
significan 74 dólares adicionales por hectárea por la aplicación de fertilizante.
Conclusiones
Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar, aseguró que en la campaña actual se
requiere rinde para obtener márgenes brutos rentables. Es decir, hay que cosechar
muchos kilos por hectárea y ese factor importa más que los costos totales o el precio de
venta de los granos. Está bien pelear por el precio de un agroquímico o de una
labor, pero es más importante apuntar los cañones a aumentar el rendimiento, lo que
permite la licuación de los costos de producción, agregó.
Según el directivo los números de la fertilización cierran aún con dosis
medianas y altas, por lo que no sería conveniente hacer ajustes bajistas en las dosis de
fertilizante, que equivaldrían a disparar un tiro en el pie.
Sin embargo, recomendó realizar un diagnóstico preciso para ajustar el qué y el cuánto
de la fertilización utilizando las mediciones de nitrógeno en el suelo, de nitrógeno
anaeróbico y el test de fósforo de Bray. No es conveniente repetir la misma
fórmula de fertilización del año pasado rutinariamente, sino que habría que aplicar
sintonía fina para capturar kilos marginales, aconsejó Rotondaro. En
fertilización hay que tener una visión de largo plazo; el resultado del productor se
evalúa año a año, pero se construye, sin dudas, a mediano y largo plazo,
concluyó.



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