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Carrera con
obstáculos: heladas y enfermedades mantienen en vilo a los productores de trigo
Mariela Vaquero
clarin.com
El mes de octubre presentó condiciones meteorológicas atípicas que no
favorecieron al trigo en gran parte del área sembrada. A la gran cantidad de días
nublados y la consecuente falta de radiación solar, se sumaron heladas inesperadas, y los
daños en los cultivos aún no se pueden dimensionar.
Entre el 17 y 19 de octubre, en la región triguera central se registraron heladas
agronómicas (temperaturas de 3°C o inferiores) que encendieron las alertas. En el norte
de la provincia de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, las heladas tardías,
afortunadamente, no fueron muy prolongadas. Este es un dato importante ya que, además de
la intensidad, es decir, cuánto haya bajado la temperatura, es fundamental su duración:
a mayor cantidad de horas, más daño produce la helada.
Vale destacar que, cuando se producen heladas de pocos grados bajo cero o muy cortas,
influye mucho el relieve. "La masa de aire frío se va hacia los lugares más bajos,
en la jerga se habla de "bajos heladores", entonces, en una misma zona, se
produce más daño en los valles, en los lugares más bajos, que en la loma o la media
loma", explicó Francisco Dipane, investigador de la Chacra Barrow (Buenos Aires) del
Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).
Pese a su breve duración y a no haber sido tan fuertes, en la región central del país,
las heladas se produjeron cuando las plantas ya se encontraban en floración o tenían
espigas emergidas, estadio en el que pueden causar importantes perjuicios para el cultivo.
"En general, recién una semana o diez días después de la helada se empieza a ver
el efecto, inmediatamente no se generan daños visuales, pero si se llega a ver a los
días de producida, ahí va a haber falta de flores, ausencia de estambres fértiles y de
ovarios receptivos para formar el grano", detalló Dipane.
En el INTA Pergamino señalaron que, en algunos lotes, se han observado daños de helada
durante encañazón, afectando al tallo en algunos casos. Sin embrago las lluvias
ocurridas han permitido una buena recuperación y buen crecimiento de macollos
reproductivos, sostuvieron.
En la zona sur, las heladas se dieron en un momento en que los cultivos aún no habían
florecido, por eso, indicó Dipane, "creemos no han producido un gran daño, pero eso
se verá cuando empiece a emerger la espiga, dentro de unos días, aproximadamente al
final de octubre".
Enfermedades
En términos sanitarios, los períodos de bajas temperaturas, días nublados y numerosas
horas de mojado foliar durante las últimas semanas han favorecido el desarrollo de
algunas enfermedades foliares. Actualmente se registra una alta incidencia de mancha
amarilla (Pyrenophora triticirepentis) en lotes con secuencia trigo/soja, mientras que en
aquellos con rotaciones más diversificadas la incidencia es moderada.
La roya amarilla (Puccinia striiformis f. sp. tritici) presenta una incidencia moderada y
una detección más tardía respecto de campañas anteriores, con variaciones según la
susceptibilidad varietal y las condiciones ambientales.
Por su parte, la roya de la hoja (Puccinia triticina) presenta baja incidencia,
posiblemente asociada a condiciones ambientales menos favorables para su establecimiento y
progreso.
En la zona norte de Buenos Aires y en el sur de Santa Fe, indicaron desde el INTA, se han
realizado aplicaciones de fungicidas para el control de mancha amarilla y roya amarilla,
orientadas a limitar el progreso de ambas enfermedades y proteger las hojas superiores del
cultivo. "Se observan síntomas foliares que pueden generar confusión entre
alteraciones de origen abiótico (Foto A) y enfermedades como mancha amarilla (Foto B),
bacteriosis y virosis, con presencia de amarillamientos principalmente en hojas basales
del cultivo", precisaron.
En relación con la fusariosis de la espiga, el INTA recomendó realizar un seguimiento de
las condiciones ambientales y del estado fenológico del cultivo, especialmente durante la
antesis, y consultar los sistemas de alerta de riesgo desarrollados por el Instituto de
Clima y Agua del INTA Castelar.
El estado actual del cultivo en la zona de influencia del INTA Pergamino es bueno y, de
acuerdo con los técnicos del organismo, el número de granos efectivamente logrado y su
peso dependerá de la evolución de las condiciones ambientales en lo que resta de octubre
y noviembre, definiéndose así el rendimiento final.
Hay esperanza
Pese a la falta de sol, las heladas y las enfermedades, la primera triguera de la Bolsa de
Comercio de Rosario (BCR) para la región núcleo es de 43,6 quintales por hectárea, 5
quintales por arriba del promedio de los últimos cinco años (38,3 qq/ha). Así, con una
superficie cultivada de 1,6 millón de hectáreas, se alcanzaría una producción de 6,7
millones de toneladas, casi un 60% más que el promedio. Falta mucho para la trilla y el
trigo, como explican los técnicos informantes de la BCR, "es una carrera con
obstáculos que hay que ir sorteando: heladas tardías, sopletes, enfermedades y problemas
por excesos hídricos en cosecha están en la lista", indicaron.



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