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Opinión: el año de la
inteligencia artificial y las soluciones que marcaron agenda en el agro
Ramiro Olivera
lanacion.com.ar
Como todo año que se va, llega el momento de los balances de lo hecho y las
perspectivas de lo que vendrá. El agro no es la excepción a esta instancia, en un
contexto donde en el sector crecen las expectativas por la mayor apertura de nuevos
mercados de exportación y una paulatina baja de la presión impositiva. En este
escenario, sin duda que la incorporación de nuevas tecnologías, algo que en los últimos
años tuvo una aceleración, será clave para que el sector pueda potenciar su producción
y aprovechar al máximo este clima favorable.
En 2025 se vio cómo la inteligencia artificial (IA) empezó a pasar de la teoría a la
práctica dentro del agro. Después de varios años de expectativas, el sector volvió a
poner el foco en lo que realmente importa: qué tecnologías generan valor concreto y
comprobable en el campo. El agro sigue siendo un negocio de alto riesgo, donde nada se
adopta solo por novedad. En ese contexto, crecieron las soluciones orientadas a entender
mejor el ambiente, integrar datos complejos y reducir la incertidumbre en decisiones clave
de desarrollo y producción.
Si bien no hubo grandes disrupciones a nivel tecnológico, el 2025 estuvo marcado por los
avances firmes y bien fundamentados. Empezaron a consolidarse tecnologías que permiten
acelerar procesos estructurales, sin romper con la lógica productiva ni con la
experiencia agronómica. Entre ellas, se destacan los ensayos virtuales y los modelos
computacionales, que permiten evaluar escenarios antes de llevarlos a campo. Todavía son
herramientas en construcción, pero ya muestran un impacto claro en tiempos de desarrollo,
eficiencia y calidad de la información.
Para las agtech, fue un año exigente y de mucho foco. El contexto económico global y
regional obligó a priorizar la ejecución, la eficiencia y los resultados reales. Los
inversores fueron más selectivos y eso elevó el estándar: hoy se valora menos la
promesa y más la capacidad de resolver problemas concretos del agro. En ese escenario,
las startups que lograron avanzar fueron las que trabajaron cerca del sector productivo y
con una propuesta clara.
En el sector, uno de los principales hitos fue el avance en la incorporación de
tecnología con respaldo técnico, especialmente en etapas tempranas del desarrollo de
productos agrícolas. También se profundizó el interés por analizar el ambiente de
forma integral, considerando no solo clima y el suelo, sino también el momento en que
ocurren los eventos. Ese enfoque empieza a cambiar la forma en que se diseñan y evalúan
las soluciones para el campo.
El principal avance fue una mayor apertura a herramientas basadas en datos y modelos
predictivos, siempre que estén validadas y conectadas con la realidad productiva. En ese
sentido, la tecnología empieza a ocupar un rol estratégico en la toma de decisiones.
Perspectivas para 2026
De cara al 2026, el desafío más importante sigue siendo la adopción a escala. En el
agro, la confianza se construye con resultados consistentes, repetibles y en colaboración
con productores y empresas del sector. En este marco, el año entrante se avizora como
clave para escalar tecnologías que ya demostraron valor. Mercados como Brasil y Estados
Unidos seguirán siendo determinantes, no solo por su tamaño, sino porque suelen adoptar
primero las soluciones que realmente funcionan.
Para el campo, el foco estará en ganar eficiencia y reducir riesgos en un contexto cada
vez más desafiante. Para las agtechs, el reto será crecer manteniendo rigor técnico, la
cercanía con los productores y una mirada de largo plazo. El futuro del sector va a estar
marcado por decisiones mejor informadas, ciencia aplicada y colaboración real. Las
mejores oportunidades todavía están por delante, y el desafío es convertir conocimiento
en impacto concreto.
* El autor es CEO y cofundador de la agtech Calice


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