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Campaña agrícola: la falta
de lluvias enciende alertas en el sur santafesino
Patricia Martino
lacapital.com.ar
La campaña gruesa avanza bajo un escenario climático heterogéneo y cada vez
con más señales de alerta sobre el estado de los cultivos. El estrés hídrico y los
recientes golpes de calor abren la puerta a pérdidas de rendimiento en maíz de primera y
soja, con especial preocupación en los planteos de segunda y tardíos, que hoy concentran
el mayor riesgo productivo en el sur de Santa Fe.
La situación es bastante distinta en cada lugar, dependiendo de las lluvias que
recibió cada zona, explicó el ingeniero agrónomo Diego Buschittari, coordinador
del Departamento Técnico de Agricultores Federados Argentinos (AFA).
En líneas generales, el maíz de primera, que venía mostrando un potencial elevado,
sufrió el efecto combinado de las altas temperaturas y la falta de agua en la etapa final
de llenado de granos. En ese contexto, se proyectan pérdidas de rendimiento del orden del
10%, un ajuste significativo para un cultivo que se perfilaba como uno de los pilares de
la campaña.
La disparidad climática se hace evidente al comparar regiones. Hacia el norte de la
provincia, en la franja que va desde la Ruta 9 hacia la Ruta 19, a la altura de
localidades como Cañada Rosquín y Las Rosas, las lluvias fueron más generosas y
permitieron sostener un estado general bueno de los cultivos, especialmente en las
siembras de primera. Allí, si bien los planteos de segunda muestran síntomas de estrés,
la situación se mantiene dentro de parámetros considerados normales.
El maíz y la soja Santa Fe al sur
El panorama cambia de manera drástica hacia el sur santafesino. En zonas como Casilda,
Bigand y Firmat, las precipitaciones fueron erráticas y escasas desde fines de diciembre,
con registros aislados que no superaron los 6 milímetros. Esa falta de agua empieza a
traducirse en una pérdida concreta de potencial tanto en maíz como en soja. En el primer
caso, la merma también ronda el 10% en el cultivo temprano, mientras que la oleaginosa de
primera ingresa ahora en el período de llenado de grano, una fase crítica para la
definición del rinde. Todavía tiene buen aspecto, pero si no hay una lluvia
cercana, las pérdidas pueden ser importantes, advirtió Buschittari.
La mayor preocupación se concentra en los cultivos de segunda. En el sur de la provincia,
la combinación de altas temperaturas, elevada demanda ambiental y escasa disponibilidad
hídrica coloca a muchos lotes al borde de pérdidas totales. El riesgo es mayor en suelos
de menor productividad o en aquellos que llegaron al verano con escasa reserva de agua.
Las sojas implantadas sobre trigo están particularmente comprometidas, ya que el cultivo
invernal consumió buena parte del perfil hídrico. Una situación similar la atraviesan
los maíces tardíos y de segunda, que apenas logran recuperarse durante la noche y
vuelven a sufrir estrés severo durante el día. Si no llueve en los próximos
días, hay chances concretas de perder lotes completos, alertó el técnico de FAA.
El contraste aparece en el sudeste de Córdoba, especialmente en la zona de Marcos
Juárez, donde los cultivos se mantienen dentro de parámetros normales, aunque los de
segunda también comienzan a mostrar señales de estrés. En la comparación con la
campaña pasada, Buschittari señaló que enero volvió a mostrar una dinámica seca,
aunque con una diferencia clave: este año los perfiles de suelo arrancaron con mayor
humedad acumulada. Esa reserva permite amortiguar el impacto, pero la incertidumbre sigue
centrada en cuándo llegará la próxima lluvia.
La mirada de la provincia
En paralelo a este diagnóstico técnico, desde el gobierno provincial trazan un panorama
más alentador a escala general. El secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de Santa
Fe, Ignacio Mántaras, sostuvo que, en términos climáticos, el año se perfila como uno
de los más interesantes de los últimos ciclos. Tras varios años marcados por sequías
severas, especialmente en el centro norte, los perfiles de humedad en la mayor parte de la
provincia se presentan en buenas condiciones, lo que se reflejó en una campaña triguera
con rendimientos destacados y una base sólida para los cultivos de verano.
El dato clave para nosotros es el maíz, que va camino a ser una campaña histórica
en área sembrada y probablemente en producción, afirmó Mántaras, quien remarcó
que, a diferencia de otras provincias, Santa Fe logró sostener buenos niveles de humedad
gracias a una primavera favorable y a un inicio de año con lluvias relativamente
frecuentes. En ese contexto, la soja también muestra un desarrollo auspicioso, con la
excepción del norte y noroeste provincial.
El departamento 9 de Julio sigue siendo el punto más crítico del mapa santafesino.
Allí, la persistencia de condiciones adversas obligó a prorrogar la declaración de
emergencia y desastre pecuario. Entre 2022 y 2024, esa región perdió cerca del 25% de su
stock ganadero, principalmente por traslados hacia otras zonas, y en agricultura la
superficie sembrada cayó alrededor de un 30% como consecuencia de la sequía. Frente a
ese escenario, la provincia analiza líneas de financiamiento para recomponer el rodeo y
recuperar capacidad productiva.
Más allá de las asimetrías regionales, Mántaras destacó un factor que atraviesa a
todo el sector: el cambio en el ánimo del productor. Después de varios años de sequía,
la recurrencia de lluvias cada diez días generó un clima de mayor previsibilidad que se
traduce en decisiones de inversión. El productor santafesino es ambicioso en el
buen sentido; si el clima acompaña, invierte, y eso se refleja en producción,
resumió.


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