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Fuerte diagnóstico
empresario: qué le falta al boom del maíz, según líderes del negocio
Pilar Vazquez
lanacion.com.ar
Falta de competitividad, alta presión impositiva, falta de infraestructura,
dificultades para acceder a mercados y mayores costos aparecen entre los principales
cuellos de botella que hoy enfrenta la Argentina para transformar más maíz en proteína
animal y crecer como exportador de carnes, huevos y alimentos con mayor valor agregado.
Ese fue uno de los diagnósticos que dejaron las cadenas porcina, avícola, láctea y de
huevos durante el Congreso Maizar 2026, en el Goldencenter.
En ese contexto, durante el debate también apareció una frase que resumió buena parte
de la discusión sobre el modelo productivo local. Nosotros deberíamos ser un país
exportador de proteína animal y no de maíz, sostuvo Juan Kútulas, presidente de
la Cámara Argentina de Productores Avícolas e Industrializadores (Capia). Este año el
país tiene una cosecha récord de maíz estimada por el sector privado en 68 millones de
toneladas y en 70 millones por el Gobierno.
Del panel participaron Lisandro Culasso, vicepresidente de la Federación Porcina
Argentina y director de Isowean SA; Franco Santángelo, presidente del Centro de Empresas
Procesadoras Avícolas (CEPA) y titular de Soychú; Cristian Chiavassa, director del Grupo
Chiavassa, y el propio Kútulas. La moderación estuvo a cargo de Sebastián Dates,
gerente general de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (CAENA).
En el encuentro los empresarios coincidieron en que la Argentina tiene disponibilidad de
granos, escala productiva y conocimiento técnico para crecer mucho más en proteína
animal, aunque remarcaron que persisten problemas estructurales que frenan inversiones y
exportaciones.
En ese sentido, lamentaron que no se termine de aprovechar el potencial del maíz como
base para generar más valor agregado dentro del país: el país es uno de los principales
productores y exportadores mundiales del cereal, pero gran parte de esa producción sale
sin transformar. La Argentina debería estar desbordando de productos que dependan
del maíz y de la soja para exportarlo al mundo y no lo estamos porque hay mucho impuesto
y problema en logística, remarcó Kútulas.
Uno de los mayores problemas en los que coincidieron los empresarios fue la presión
impositiva. Chiavassa lo ejemplificó con el caso de la lechería y señaló que el sector
exporta más o menos un 7% del valor del producto de impuestos internos como
ingresos brutos e impuesto al cheque, sin contar reintegros a la exportación.
Según advirtió, si esa situación no se corrige con reintegros, la Argentina termina
trasladando impuestos a otros mercados. En la misma línea, Kútulas sostuvo que la
producción de huevos enfrenta una cadena impositiva que termina afectando al exportador.
También hubo advertencias sobre las dificultades que enfrenta la Argentina para competir
con otros países exportadores. Santangelo puso como ejemplo el caso de Brasil y señaló
que el país tiene costos laborales más altos y una mayor carga impositiva, con tributos
como el impuesto al cheque e ingresos brutos que terminan encareciendo el movimiento
interno de toda la industria. Comparado contra Brasil tenemos un costo laboral más
alto y en la parte impositiva el impuesto al cheque, ingresos brutos. Hay mucho impuesto
en el movimiento interno que es un problema de todas las industrias, sostuvo.
Otro de los puntos que plantearon fue la dificultad para colocar determinados subproductos
en el exterior. Culasso explicó que en la cadena porcina gran parte del problema pasa por
no poder exportar cortes o productos que en el mercado interno tienen poco consumo.
Hoy solamente el 40% de los cortes que se desarma valen más que el animal en pie.
Con ese 40% se tiene que defender el precio y la ganancia. ¿Qué pasa con el resto del
60%? Acá no hay mercado y sí hay mercado en el sudeste asiático, explicó. Según
señaló, abrir esos destinos permitiría mejorar la competitividad general de la
actividad. Si nosotros pudiéramos exportar eso, de cierta forma se ubicaría el
resto de los cortes y podemos bajar el precio y competir en el mundo, agregó.
El acceso a mercados internacionales también ocupó buena parte del intercambio. Tanto
Culasso como Santangelo remarcaron la importancia de China para las cadenas animales y
señalaron que existen negociaciones demoradas por cuestiones políticas. Está todo
listo para la firma del protocolo [por menudencias], pero es una decisión
política, dijo Culasso. Santangelo coincidió y sostuvo que, tras la influenza
aviar, todavía esperan una señal política para avanzar nuevamente con China.
Chiavassa, por su parte, señaló que la lechería necesita diversificar mercados.
Exportamos a 50 países, pero tenemos gran foco en Brasil y Argelia. Necesitamos
abrir el juego, no estar tan vulnerables a solo dos mercados, indicó.
En avicultura, Santangelo planteó que el otro desafío que tienen a largo plazo es la
renovación de granjas y el acceso al financiamiento para pequeños y medianos
productores. Las granjas son el gran desafío que tenemos. La financiación para
modernizarlas y ampliarlas no es fácil, sobre todo para productores más chicos o de
mayor edad, a quienes muchas veces les cuesta acceder al crédito. Es el gran desafío
para el futuro, afirmó.
En la misma línea resaltaron la necesidad de contar con más herramientas financieras
para manejar la volatilidad del precio del maíz. Kútulas consideró que una ley de
warrant más accesible podría ayudar especialmente a empresas chicas. Con una ley
de warrant bien hecha y con un warrant bien gestionado, la verdad que sería fundamental
para la empresa avícola pequeña sobre todo, señaló. Según explicó, hoy ese
instrumento existe, pero es carísimo, no sale conveniente hacerlo.



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