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Economía regional. La cadena del chivo, un negocio para
construir
|| Iván Garbulsky
lacapital.com.ar
La actividad caprina en Santa Fe es muy antigua, pero no logró relevancia de
mercado. Siempre estuvo ligada al autoconsumo de pequeños productores, quienes se
encuentran distribuidos en casi toda la provincia. Sin embargo, el mayor porcentaje se
concentra en el centro norte. Al ser una economía de subsistencia, la actividad presenta
debilidades tanto estructurales como socioculturales muy marcadas. Y esta realidad tiene
incidencia en toda la cadena. Hoy comer un cabrito o un cordero es casi una
delicatessen, dice José María Perren, médico veterinario de Tostado,
especializado en pequeños animales, que trabaja desde hace muchos años con productores
de escala familiar. El profesional cuenta que cuando comenzó a asesorar a pequeños
productores de Villa Minetti, El Nochero y Gato Colorado a fines de los 90, un 80%
de la producción estaba destinada a consumo familiar. Lo cierto es que mucho no
cambió.

Imagen
ilustrativa AGROAREA. No integra la edición original del artículo
Según datos del último Censo Nacional Agropecuario, en suelo santafesino coexistían, a
junio de ese año, unas 27.406 cabras y chivos (si sirve como parámetro de comparación,
habían 4.459.989 vacunos). De ese total, 24.044 estaban destinados al consumo del
establecimiento agropecuario primario. Sólo el 12% (3.362 cabezas) estaba destinado a la
comercialización. En su mayoría (3.141) de carne.
Los que saben comentan que, debido a la informalidad, a estos números habría que
multiplicarlos. Es que los relevamientos en general son insuficientes. Por ejemplo: hay
datos que se obtienen de cuando se lleva adelante la campaña de vacunación antiaftosa
(bovinos). Allí, se hace un relevamiento general de las otras especies: ovinos, porcinos,
equinos y caprinos. Hoy, según esta metodología, habrían 101.000 caprinos en Santa Fe.
Y según datos extraoficiales, el número estaría cerca de 300 mil.
Hoy, en Santa Fe, hay nuevos actores: ¿es posible que encuentren un lugar los cabañeros
que venden genética a todo el país? ¿Qué lugar ocupan las razas relativamente nuevas
pero de suma relevancia? ¿Qué papel juega aquel productor mediano que mira más allá
del autoconsumo?
Razas: el Boer no es cabrón
Perren cuenta que cuando comenzó como profesional en la zona de Tostado, aún no estaba
introducida la raza Boer. Trabajábamos la raza Anglo Nubian con un doble
propósito, carne y leche, que venía en su mayoría de Santiago del Estero. Luego
apareció la raza Boer, desde Chaco, y cambió todo, dice.
Según la definición de la RAE, cabrón significa una persona, un animal o una cosa
que hace malas pasadas o resulta molesto. Está arraigada la creencia de que el
chivo y la cabra son animales dañinos. Pero no es así, el Boer es manejable y
dócil, cuenta el productor agropecuario Jorge Barceló. Su Establecimiento se llama
El Saladillo Amargo y se ubica sobre la RP 55, entre Cacique Ariacaiquin y
Marcelino Escalada. Desde 2011 cría cabras Boer. Empezó con 13 hembras y un padrillo.
Hoy tiene 200 madres y, entre cría y recría, la majada llega a 400 animales. Es uno de
los establecimientos caprinos más importante del centro norte provincial.
Luis Gallo, de la cabaña La Constancia de Runciman (cerca de Venado Tuerto), coincide:
Teníamos muchas dudas con los caprinos. Mi abuelo siempre decía: ¡chivos
no!. Estaba la idea de que era un bicho malo.
La raza Boer es original de Sudáfrica. Fueron introducidos primeramente en Brasil. Y, a
nivel país, Chaco hizo una importantísima contribución. Los padrillos pesan arriba de
100 kilos y las cabras madres unos 60 kilos. En cuatro meses se llega a un cabrito de
entre 8 y 10 kilos con un 56% de carne. El rendimiento de un criollo -como se
conoce al tradicional-, era de un 40% y te lleva unos seis meses llegar a 5
kilos, cuenta Barceló.
El Boer tiene poco pelo, ideal para la región. Es una carne magra. Hay que enseñar
al consumidor las bondades de esta carne: no es para consumirla sólo para las
fiestas, dice Gallo. Y concluye: El Boer vino para mejorar las majadas
comerciales. Al carnear un Boer, si no conocés las características del animal, te puede
pasar por cordero. Vendimos en Calamuchita (Córdoba) y los lugareños -que sólo
conocían al criollo- se llevaban una sorpresa, ya que estaban acostumbrados a un chivito
de 5 kilos.
Luciano Toldo, de la cabaña Tacurú de Tacurales (cercana a Rafaela), fue contundente:
Nos deslumbró, es completamente distinto al chivo tradicional. Mucho más
musculoso. De unas características carniceras excelentes.
Cabañeros: la genética
Uno de los pilares fundamentales para la producción de ganado es el mejoramiento
genético. Se consideran varios factores: adaptación al medioambiente y al sistema de
producción, las necesidades del mercado, entre otras características. Las cabañas son
establecimientos donde se cría el ganado genéticamente superior, destinado a ser padres
(padrillos).
La Constancia hace 100% reproducción (puede hacer cría también para la
venta de carne). Si bien el fuerte son los ovinos, desde 2009 empezaron con una yunta de
Boer adquirida en Buenos Aires, una de las primeras con pedigrí en Argentina. En
2011 comenzamos a llevar animales a Palermo. La primera genética la trajimos de Nueva
Zelanda en 2018 para abrir sangre. Tenemos una majada muy chica de 25 madres. No apuntamos
a tener más, pero no nos ponemos límites para mejorar la genética, cuenta Gallo.
Este año hicieron por primera vez inseminación artificial y obtuvieron un 73% de
preñez, lo cual los dejó muy contentos. Tienen clientes de distintas provincias.
Los chivos son una curiosidad en plena pampa húmeda, afirma.
Luciano Toldo es el titular de la Cabaña El Tacurú en Tacural, que surgió en 2016
cuando armaron una infraestructura para el manejo e incorporaron genética de diferentes
lugares. Nuestra cabaña se inició por el Boer y luego anexamos el ovino,
cuenta. Se dedican también sólo a reproductores y tienen clientes de la región y de
otros puntos del país. El Boer se va imponiendo, cerró.
Como está pasando con el ovino, tiene que existir un puntapié para el
caprino, entiende Gallo y agrega: Con la tecnología disponible, los
profesionales y si hay interés en el negocio, se tiene que concretar. Se está trabajando
muy seriamente en genética: nosotros vendemos 15 machos aproximadamente por año. Algunos
son para cabañas, pero la mayoría para majadas comerciales.
Meses atrás, en Tostado, se realizó un remate de ganado caprino con valores alcanzados
que sorprendieron a muchos: se llegó a comprar un reproductor a $ 600 mil, y el promedio
fue entre 100 y 120 mil pesos.
Hoy toman auge los animales menores. Hay empresas no ligadas a la producción, que
vuelcan recursos de otros sectores intentado producciones a escala, cuenta Perren.
Quedamos muy sorprendidos con los valores que se pagan por los animales de muy buena
genética. Supongo que ven el negocio en la venta de genética en un futuro, agrega.
Una demanda sin respuesta
Desde el sector aseguran que, al menos antes de la pandemia y sin restricciones, sólo dos
restaurantes de Rosario podían demandar hasta 20 chivos por semana (960 al año). No hay
una estructura que pueda sostener esta demanda. Se necesita un plantel de 1.200 a 1.400
madres. Y eso no existe. Es posible con una red de 5 ó 6 productores que puedan responder
a dos restaurantes. Un supermercado puede pedir hasta 200 animales para las fiestas y es
imposible responder. Pero haciendo una proyección mayor del consumidor santafesino: 1 kg
de chivo per cápita al año, son 3.500.000 kg, lo que significan 250.000 al mes. Algo,
por ahora, imposible.
El problema de los caprinos es que la producción es muy artesanal y de muy baja
escala. Faena familiar. Venta directa del productor al consumidor, resume Perren.
Acá, cuando la sala en Villa Minetti trabajaba a full, no se logró responder a la
demanda de la ciudad de Tostado, cuenta.
Barcelo, como productor mediano, confiesa: Todos los años me asusto porque estoy
seguro que me voy a quedar con muchos chivos sin vender. Y no. Al contrario, siempre me
faltan. Nunca toqué el techo. Lo cierto es que hoy ni siquiera se llega a tocar a
los grandes centros urbanos. El que produce no se anima a producir más. No
existe el gran productor de chivos. Los medianos no pueden dar el salto porque no hay
garantía para darlo. Hoy falta producción y hay mucha demanda desorganizada. En el mismo
pueblo, en el mismo campo, te lo sacan de las manos. ¿Seguirá siendo una
economía regional en el más amplio sentido de la palabra?
Las salas de faena
Entre 2014 y 2015, hubo una experiencia en la provincia que intentó articular los
sectores público y privado para fomentar la producción del caprino. En Villa Minetti,
por ejemplo, se instaló un frigorífico de pequeñas especies. A través de cooperativas,
se intentó acompañar a las producciones familiares con la instalación de salas de faena
y transporte para trasladar en cadena de frío, pero no dio resultado. ¿Qué pasó? Para
Perren no se pudo encontrar socioculturalmente el ámbito para el desarrollo de las
tecnologías que estábamos queriendo aplicar para transformar ese productor de
autoconsumo a uno más comercial. Quizás el pequeño no está dispuesto a hacer ese
cambio me dijo hace pocos días un productor de El Nochero, cuenta el
veterinario.
En definitiva, la baja producción no pudo sostener todo el proceso de industrialización
y comercialización. Los operarios estaban capacitados y autorizados para la faena. Se
habían adquirido camiones térmicos para vender en las grandes ciudades. Pero la cantidad
de producción y el hecho de agregarle valor a la cadena -faena, el transporte, etc.-,
hacían que el precio al productor cayera. Hoy al pequeño productor le van a
comprar al campo o le piden que se lo lleven al pueblo. Es una realidad que es cierta y
concreta, señala.
El gran problema sigue siendo dónde faenar. Hay que buscarle la vuelta, habilitar
una sala de faena para que uno pueda salir un poco más tranquilo. Me han encargado en
Santa Fe, y no puedo ir con un chivo faenado en casa, contaba un productor que
pedía reserva. Me llaman carniceros de Rosario, Coronda: ¿cómo hago para ir? La
demanda no tiene techo, sentenció.
Aquí surge un problema clave: el sanitario: El dilema existe y alguien tiene que
solucionarlo. Es un tema de salud pública, no sólo de producción, enfatiza
Perren. Desde el sector productivo apuntan que, para dar el salto, necesitan que se les
garantice al menos que la inversión que se pueda hacer, tenga un correlato en dónde
poder venderlo.
Otro de los problemas con el que se encuentra el sector es la logística: no hay
intermediarios que la garanticen. Y no son necesarios grandes camiones: se necesitan
utilitarios con equipo de frío. En definitiva, hay una ruptura en la cadena de valorque
impide producir más.
Los subproductos
Hoy es imposible darle un valor agregado en origen al producto. Hoy el animal se vende
entero y congelado. Para amortizar las salas de faenas, se pueden instalar salas de
elaboración de subproductos, propone Perren en ese sentido. Y explica: Un
animal entero se puede filetear en 70 chuletas. Esto implica poder comercializar de una
forma más fácil.
Hoy, tenés que cocinarlo entero. Hicimos capacitaciones para hacer subproductos:
hamburguesas, ahumados, cortes, chacinados, escabeches. Así se aprovecharían los
animales de descarte, que hoy se dejan morir en el campo, agrega.
Luciano Toldo, de Tacural, describe: El corte, puede tener mayor aceptación. Ocurre
en países desarrollados de Europa donde el espacio en el campo es cada vez más
reducido.
Y los productores van por más: proponen aprovechar los residuos del animal con
biodigestores para producir gas y asegurar una producción limpia.
También se puede trabajar el cuero que hoy no se usa. Un amigo de Estación
Matilde, hacía curtir el cuero cerca de Santa Fe, recuerda Barceló. Con eso
hacía desde alpargatas, fundas para autos hasta billeteras. Pero el problema era la
distancia. Habría que organizarse para acopiar más cueros e ir una sola vez.
Igualmente, como buen santafesino, resalta: No hay que quedarse. Siempre soñé con
poner una carnicería del chivo. Aún no he podido llegar.
Si se llega a entrar a las ciudades, quedaría en el tintero cómo hacer una
reserva en la misma metrópoli. Nos podemos asociar con las grandes carnicerías
para sostener una cámara de frío, para tener reservas y de allí avanzar en un centro de
distribución, dice Barceló. Pero hoy ese salto no lo puede dar nadie. Los grandes
jugadores no lo van a hacer: el chivito no es más rentable que el vacuno: ¿para qué
entonces arriesgar?
Una producción integral. Un modelo con buenos corrales, un lugar limpio. Una producción
no como secundaria de otros animales. Para Toldo se podría brindar un apoyo mayor y
fomentar la actividad desde el ámbito gubernamental.
Puede dar mucho trabajo. Para los productores chicos, es interesante poder generar
más ingresos. Nosotros teníamos un proyecto para armar un pequeño frigorífico. Pero el
tema de los papeles es muy complicado. Se debe ayudar para que los proyectos sean
viables, dijo.
Y agregó: Hay que animarse. Muchas cosas se iniciaron y quedaron en el camino. Creo
que hay que darle un apoyo necesario para que esto surja. Cuando podamos llevar a la
familia una presentación adecuada, viene para quedarse. Como el cerdo, que ya escalonó y
tienen una posición importante en el consumo interno. En nuestra provincia se pueden
hacer también cosas importantes con pequeños animales. Creo que vamos a tener
futuro, cerró.
Hay genética, producción y demanda. Hay ideas que permiten pensar en una producción
diversificada y que puede ser transformada en el mismo origen. Se debe seguir trabajando
hasta afianzar y consolidar una cadena de valor para la carne caprina hasta llegar a la
escala continua en las metrópolis. Y controlar la faena a campo para mantener esa cultura
de consumo, pero sin riesgo para la salud pública.
Carnes alternativas
En estos momentos de pandemia, pospandemia, se acomoda una nueva demanda mundial liderada
por China. Nuestro país es reconocido por la calidad productiva de su carne vacuna.
También el cerdo está acompañando esta tendencia. Al mismo tiempo, el descalabro
económico interno logró que el consumo de proteína animal, sobre todo la vacuna, haya
caído drásticamente. En estas dos opciones está la oportunidad para las carnes
alternativas. Entre ellas la caprina.
Pero, el misterio no es tal. Lo deben ver los actores privados, los productores medianos
acostumbrados a la visión de cadena de valor. Ellos son los actores que ordenarán los
próximos tiempos de este tipo de carnes. A partir de ellos y su aporte continuo al
mercado, se acomoda toda la cadena hasta el actor actual, pequeño productor de
subsistencia. Todo ello, acompañado con ciertas iniciativas públicas y sobre todo un
cambio esencial en la comunicación: la carne de chivo no debe asociarse más a la
subsistencia y la marginalidad productiva. Sino, por el contrario, un negocio más que
interesante en la producción ganadera santafesina.


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