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El INTA alertó que 5,2
millones de hectáreas de Corrientes podrían quedar bajo el agua por El Niño
Mariana Reinke
lanacion.com.ar
Unos 5,2 millones de los casi 9 millones de hectáreas de Corrientes podrían
quedar bajo el agua si durante la próxima primavera se desarrolla un fenómeno de El
Niño-Oscilación del Sur (ENOS) de intensidad similar al ocurrido entre 1997 y 1998. La
advertencia surge de un estudio realizado por científicos del INTA de esa provincia, que,
ante los pronósticos climáticos para los próximos meses, instaron a los productores a
prepararse con anticipación y pusieron a disposición una herramienta digital para
planificar el uso de los campos.
El informe indica que los modelos climáticos muestran una probabilidad excepcionalmente
alta de que el fenómeno se instale desde la primavera y genere precipitaciones por encima
de los valores normales durante varios meses. De repetirse un escenario comparable al de
finales de la década de 1990, alrededor del 58% del territorio provincial podría quedar
cubierto por agua, con impacto sobre la producción agropecuaria, la infraestructura rural
y los centros poblados.
Los investigadores alertaron que el exceso hídrico podría provocar pérdidas de cultivos
anuales y perennes, caída de rendimientos, deterioro de la calidad de los granos, mayor
incidencia de enfermedades y mortandad de hacienda. En ese contexto, señalaron que más
de 3 millones de hectáreas que hoy permanecen libres de agua volverían a inundarse si el
evento alcanza una magnitud similar a la registrada hace casi tres décadas.
El estudio tomó como referencia el último evento extremo de El Niño, ocurrido entre
1997 y 1998. En aquel período las precipitaciones aumentaron entre un 50 y un 90%
respecto de un año normal y, entre abril y mayo de 1998, casi el 58% de la superficie
provincial quedó cubierta por agua. Actualmente, esa cobertura ronda el 22%, lo que
refleja una importante retracción de lagunas, esteros y bañados, aunque los
especialistas advierten que esa situación no implica una disminución permanente del
riesgo.
Todo indica que se va a desarrollar un evento de El Niño de fuerte a muy fuerte a
partir de septiembre y octubre próximos. La probabilidad de que se desarrolle es
altísima, afirmó Ditmar Kurtz, investigador del INTA Corrientes, en diálogo con
LA NACION.
El especialista aclaró que todavía existe incertidumbre sobre la intensidad final del
fenómeno, ya que otros factores climáticos también pueden influir en su evolución. Sin
embargo, remarcó que todos los pronósticos coinciden en que la región ingresará en una
etapa con mayores lluvias y que la mejor estrategia es comenzar a prepararse.
Según explicó, Corrientes presenta una vulnerabilidad particular por sus
características naturales. Tenemos una provincia muy plana, con baja energía de
relieve, muchos esteros y unas 38.000 lagunas. En 1998 se cubrió el 58% de la provincia
con agua y hoy el último monitoreo nos da que el 22% está cubierto, señaló.
Esa geografía hace que, cuando se producen lluvias extraordinarias, el agua se expanda
rápidamente sobre amplias superficies rurales. A diferencia de provincias vecinas como
Misiones, donde el mayor problema son las crecidas de ríos y arroyos, en Corrientes
predominan los anegamientos y encharcamientos por la escasa pendiente del terreno.
La advertencia no se limita a Corrientes. De acuerdo con Kurtz, el desarrollo de un El
Niño fuerte o muy fuerte también podría generar impactos sobre el este de Formosa, el
este de Chaco y el norte de Santa Fe, además de Entre Ríos, aunque con distinta
intensidad según las características de cada región. En esas provincias el
comportamiento de las lluvias y de las cuencas será determinante, mientras que en
Corrientes el principal problema seguirá siendo la rápida expansión del agua sobre una
superficie muy plana.
Con ese diagnóstico, el INTA desarrolló junto con el gobierno provincial una plataforma
digital que busca transformar la información científica en una herramienta de
planificación para el productor.
Para construirla, los investigadores cruzaron los 37.300 límites catastrales de la
provincia con tres escenarios hídricos: uno de mínima, otro correspondiente a una
situación normal y un tercero que reproduce el comportamiento esperado del agua si se
repitiera un evento similar al de 1997/98. El objetivo no es predecir exactamente qué
ocurrirá, sino brindar elementos para anticipar decisiones de manejo.
Detalló que la herramienta, denominada SAEPga, permite que el productor ingrese el
número de catastro de su establecimiento y visualice cuáles son las áreas más altas y
las más bajas del campo, además del comportamiento esperado bajo distintos escenarios de
inundación.
Generamos esa herramienta para prevenir. El productor ingresa con el número de
catastro y ve cuáles son las partes más altas del campo y cuáles son las más bajas; en
función de eso puede planificar, explicó Kurtz.
Con esa información, el productor puede decidir qué sectores conviene utilizar antes de
la llegada de las lluvias intensas y cuáles reservar para cuando el exceso de agua
obligue a trasladar la hacienda hacia terrenos más elevados. Según el investigador, esa
planificación puede reducir pérdidas y facilitar el manejo durante los meses más
críticos.
Hoy, capaz le conviene pastorear y usar las partes más bajas porque dentro de dos,
tres o cuatro meses, cuando venga El Niño, se van a llenar de agua. La idea es que
reserve los potreros más altos para después, indicó.
El INTA también elaboró recomendaciones específicas para las distintas actividades
productivas. En la ganadería aconseja mejorar los dormideros, revisar alcantarillas,
clasificar anticipadamente la hacienda para vender y seguir diariamente los pronósticos y
la evolución de los ríos. Vale recordar que la provincia tiene uno de los stocks
ganaderos más grandes del país.
Para el arroz recomienda extremar los cuidados en las zonas próximas al río Corriente y
a los esteros del Iberá, mientras que para las empresas forestales propone planificar con
tiempo la extracción de madera antes de que los caminos rurales se vuelvan
intransitables.
Kurtz remarcó que el objetivo no es generar alarma, sino aprovechar la información
disponible para disminuir los riesgos. Estamos previniendo, sin entrar en pánico ni
generar miedo, pero sí debemos estar preparados, afirmó.
En ese sentido, destacó que la principal diferencia respecto del episodio de 1997/98 es
que hoy existen herramientas tecnológicas que permiten anticiparse. En 1998 no
teníamos las herramientas digitales que tenemos hoy ni la anticipación. Ahora sabemos
con tiempo que este evento se puede desarrollar, sostuvo.
El investigador agregó que el trabajo se realiza en conjunto con Senasa, la provincia y
los municipios, mientras avanzan capacitaciones y acciones preventivas para minimizar el
impacto que podrían tener las lluvias extraordinarias sobre el sistema productivo
correntino. No queda otra que prepararse. Si después El Niño resulta menos
intenso, no importa; peor es que agarre al productor desprevenido, concluyó Kurtz.



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