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Mejoramiento genético de
alfalfa: innovaciones clave para sistemas productivos
lacapital.com.ar
En el marco de la Conferencia Académica Internacional sobre Bienestar
Agrícola 2026, organizada por el Departamento de Agricultura y Asuntos Rurales y la
Academia de Ciencias Agrícolas de Shandong China, Ariel Odorizzi, director
del INTA Manfredi abordó los beneficios de la alfalfa, su aporte a la biodiversidad, sus
efectos sobre el suelo y las ventajas asociadas a una especie perenne.
El eje de su charla puso foco en cómo el mejoramiento genético puede ampliar el aporte
de la alfalfa dentro de sistemas productivos más resilientes. En ese contexto, se
presentaron avances que combinan selección tradicional, edición génica y nuevas
herramientas para integrar información del cultivo y la genética.
Entre ellas aparece la enviromics, un enfoque que permite caracterizar con mayor
precisión las condiciones ambientales en las que se evalúan los materiales y anticipar
mejor su adaptación. La apuesta es que esas herramientas ayuden a desarrollar variedades
capaces de sostener producción, persistencia y calidad en escenarios variables.
Según Odorizzi, el valor de la alfalfa dentro del sistema excede su función
estrictamente forrajera. Entre sus principales atributos se encuentran la producción de
proteína de alta calidad, la fijación biológica de nitrógeno, la cobertura permanente
y un sistema radicular profundo, capaz de explorar distintos estratos del suelo y
aprovechar mejor el agua disponible.
Estas características tienen efectos directos sobre el funcionamiento del sistema
productivo. La fijación de nitrógeno favorece el ciclado de nutrientes y puede reducir
la dependencia de insumos externos, mientras que la alta producción de biomasa y la
cobertura perenne contribuyen a proteger el suelo, mejorar su estructura y favorecer la
captura de carbono.
El sistema radicular profundo también mejora la capacidad de la planta para explorar agua
y nutrientes en profundidad, un atributo que cobra especial importancia en ambientes con
restricciones hídricas. A esto se suma la persistencia de una especie perenne, que
permite mantener cobertura durante períodos prolongados y aporta mayor estabilidad al
sistema.
En un escenario de mayor variabilidad climática, estos atributos se vuelven parte central
de los objetivos de selección. El mejoramiento genético tiene el poder de influir
en el desempeño y la resiliencia de todo el sistema productivo, afirmó Odorizzi.
Mejoramiento genético
El INTA Manfredi cuenta con una trayectoria de varias décadas en mejoramiento genético
de alfalfa, con líneas orientadas a aumentar la producción, la persistencia y la
adaptación del cultivo frente a distintos ambientes y condiciones de estrés. Las
investigaciones buscan aportar mayor estabilidad a los sistemas forrajeros.
Mediante mejoramiento convencional, el programa trabaja sobre rendimiento, persistencia y
resistencia combinada a las principales plagas y enfermedades que afectan al cultivo. A
esas líneas se suman desarrollos destinados a responder a distintos tipos de estrés
abiótico.
Parte de ese trabajo se realiza en articulación con otras unidades del organismo y en
ambientes específicos. Con el INTA Santiago del Estero se evalúan materiales frente a
sequía y salinidad; con el INTA Rafaela, frente a condiciones de anegamiento; y con
equipos de Castelar se avanza en edición génica para incorporar características
vinculadas entre otros aspectos con tolerancia a sequía, floración y
resistencia a herbicidas.
Estos objetivos cobraron mayor relevancia con el avance de la frontera agrícola
sobre zonas tradicionalmente ganaderas. Como consecuencia, la alfalfa se fue desplazando
hacia ambientes más marginales, explicó Odorizzi. La mayor exposición a
condiciones climáticas adversas llevó además a profundizar la selección de materiales
tolerantes a sequías, salinidad y excesos hídricos.
El programa del INTA Manfredi evalúa alrededor de 40 poblaciones experimentales de
alfalfa. Desde las primeras etapas de selección hasta la obtención de una variedad
comercial pueden transcurrir entre 8 y 12 años, con sucesivas evaluaciones para
determinar su comportamiento productivo, persistencia y adaptación a diferentes
ambientes.
Desde sus inicios, en 1970, el programa desarrolló cerca de 20 variedades destinadas a
distintos sistemas productivos del país. Parte de este trabajo se realiza desde hace unos
30 años mediante convenios de vinculación tecnológica con empresas privadas, que
permiten articular el desarrollo genético con la multiplicación y comercialización de
los materiales.
Actualmente, el INTA Manfredi trabaja bajo este esquema con Palo Verde. Nosotros
hacemos la generación genética de las variedades y después la empresa se ocupa de
multiplicarlas y comercializarlas, explicó el investigador. A través de esta
vinculación ya fueron registradas seis variedades.
El ambiente como variable
Uno de los avances que se presentaron fue la incorporación de la enviromics, un enfoque
que utiliza grandes volúmenes de información ambiental para caracterizar los sitios
donde se evalúan los materiales y comprender con mayor precisión la interacción entre
genética y ambiente.
Tradicionalmente, buena parte de la selección se apoyó en el fenotipo, es decir, en las
características observables y medibles de las plantas. Las nuevas herramientas permiten
sumar otras capas de información. Ya no se trata solamente de seleccionar por lo
que uno ve, sino de integrar el genotipo, el fenotipo y el ambiente, explicó
Odorizzi.
Ese enfoque combina información genómica con datos fenotípicos obtenidos mediante
imágenes satelitales, drones y sistemas de fenotipado de alto caudal. A ellos se agregan
registros ambientales de largo plazo, que permiten analizar cómo responden distintos
materiales bajo determinadas condiciones de temperatura, disponibilidad hídrica u otros
factores.
Para el INTA, esta integración representa una oportunidad particular por la cantidad de
información acumulada durante décadas y por la diversidad de ambientes donde se realizan
ensayos. Al cruzar esos registros con datos de rendimiento, persistencia y respuesta
frente a plagas, enfermedades y distintos tipos de estrés, es posible mejorar la
identificación de materiales adaptados a condiciones específicas.
El objetivo no es reemplazar el mejoramiento convencional, sino complementarlo con
herramientas capaces de acelerar y precisar la selección. La integración de genómica,
edición génica, fenotipado de alta precisión e información ambiental permite anticipar
mejor el comportamiento de los materiales y orientar el desarrollo de variedades hacia
ambientes y demandas concretas.
El mejoramiento genético no se trata solo de producir mejores plantas. Se trata de
diseñar sistemas agrícolas más resilientes, concluyó.




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