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Luz amarilla sanitaria en el
girasol: en el norte de Santa Fe se detectó roya negra
infocampo.com.ar
Un grupo de especialistas del INTA Ceres detectó la presencia de roya negra
(Puccinia helianthi) en un lote de girasol del centro norte de Santa Fe. La enfermedad fue
identificada en un híbrido que se encontraba en estado fenológico R1, correspondiente al
inicio de la etapa reproductiva. Frente a este hallazgo, recomiendan intensificar los
monitoreos, particularmente en aquellos lotes que atraviesan estadios reproductivos.
Desde el INTA recordaron que la roya negra se caracteriza por la aparición de pústulas
oscuras, principalmente sobre las hojas. Su desarrollo depende de distintos factores,
entre ellos la susceptibilidad del híbrido, el estado fenológico del cultivo y las
condiciones de humedad y temperatura.
Por eso, identificar los primeros síntomas y evaluar su evolución permite definir con
mayor precisión las medidas de manejo.
Ante la presencia de roya negra en la región, Facundo Colombo, jefe del INTA Ceres, Santa
Fe, recomendó recorrer los lotes con mayor frecuencia y prestar atención a la
aparición de nuevas pústulas.
Además, es importante agregó- identificar el híbrido, registrar el estado
fenológico del cultivo y observar cómo se distribuyen los síntomas en las plantas.
Colombo destacó en tanto la necesidad de estimar la severidad de la enfermedad en las
hojas. Esta acción posibilita seguir su evolución y contar con información para decidir
si corresponde intervenir.
En caso de detectar síntomas, el especialista recomendó consultar con un asesor
técnico para evaluar la necesidad y oportunidad de aplicar fungicidas, de acuerdo con los
productos registrados y las recomendaciones vigentes, explicó el investigador.
Monitoreo sistemático del girasol
De esta manera, el monitoreo sistemático de los lotes y la identificación temprana de
los síntomas permiten ajustar las decisiones de manejo al estado del cultivo y al nivel
de enfermedad, con el objetivo de preservar el potencial productivo del girasol.
En este sentido, Colombo explicó que la decisión de aplicar fungicidas debe
basarse en dos criterios: el estado fenológico del girasol y el nivel de enfermedad
presente en el lote.
En particular, el período comprendido entre botón floral (R1) e inicio de floración
(R5.1) requiere especial atención, debido a que durante esta etapa el cultivo define
buena parte de su potencial de rendimiento.
En ese momento, las hojas cumplen una función fundamental en la generación de
fotoasimilados. A su vez, las condiciones de humedad y temperaturas templadas pueden
favorecer el desarrollo de la enfermedad, por lo que resulta importante conocer su
distribución y severidad antes de decidir una intervención.
Como referencia técnica, los especialistas señalan que puede considerarse una
aplicación de fungicidas cuando la severidad supera el 5 % en las hojas del estrato medio
y/o superior y la enfermedad está presente en al menos tres de cada cinco plantas
evaluadas, siempre que el cultivo se encuentre entre los estadios R1 y R5.1.
En cambio, después de R5.5, correspondiente a mitad de floración, la respuesta
económica a los tratamientos tiende a disminuir. Esto se debe a que, en etapas más
avanzadas, el impacto de la enfermedad sobre el rendimiento es menor y existen mayores
limitaciones para que el producto alcance el follaje.
Otro aspecto que debe considerarse es el estado de las hojas afectadas,
señaló Colombo. Cuando el estrato medio ya presenta necrosis, el daño sobre el tejido
vegetal está instalado y la respuesta a una aplicación resulta limitada.
Por este motivo, el vocero dejó una recomendación clave para los productores: El
momento de detección es determinante para evaluar la conveniencia de un
tratamiento, concluyó.




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